"Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío"   Don Quijote de la Mancha

sábado, 28 de marzo de 2015

John Rawls: Teoría de la justicia. Introducción

John Rawls ha sido uno de los grandes teóricos de filosofía política del siglo XX. Su obra más importante "Teoría de la justicia", está considerada dentro de ese ámbito como un hito del pensamiento moderno. La lectura de esta obra constituye, sin lugar a dudas, una de las experiencias intelectuales más apasionantes que uno puede abordar cuando quiere comprender qué es la justicia y qué papel debería jugar en una sociedad como la nuestra.

En este blog se irán subiendo diferentes artículos que tratarán de explicar lo más destacable de la obra, aunque lo realmente interesante sería no perder el tiempo en leerlos y dedicarlo a leer la obra en su integridad.

Pulsa AQUÍ para acceder al siguiente artículo.

domingo, 13 de julio de 2014

La vida de Asier

Esta es la historia de Asier, un vasco que Bilbao le vio nacer un 15 de febrero de 1975. Tuvo una adolescencia feliz, marcada por la referencia de su padre por quien desde muy pronto sintió una gran admiración. Aprendió de él a disfrutar de muchas de esas cosas que la vida es capaz de ofrecer; de la montaña con largas excursiones por la cordillera cantábrica; del ciclismo con carreras por las carreteras de Vizcaya; de las salidas en barco en los meses de verano o de aquellas sesiones de cine en las frías tardes de invierno.

Se acordaba de todo esto con cariño y con nostalgia mientras iba en tren de camino al trabajo. Con la cabeza apoyada en la ventana y la mirada perdida, se acordaba también con cierto desagrado de aquellos momentos difíciles que tuvo que vivir cuando era más joven. Fueron días de angustia y nerviosismo, de miedo y de dolor; circunstancias en las que desconocidos entraban y salían de su casa; momentos de llamadas telefónicas extrañas, tiempos de silencio. Cuando ETA cometía un asesinato, su alegre vida sufría una especie de parada en el tiempo.

Su padre, que era un ferviente nacionalista le había contado muchas de las historias de los vascos; sus orígenes, su lengua, mitos y leyendas como la de Arrigorriaga formaban parte de un bagaje cultural del que se sentía muy orgulloso. Quizás fuera esto lo que cumplidos los dieciocho años le llevara a estudiar en la Complutense de Madrid la especialidad de Geografía e Historia. Quería conocer historias de otros lugares, de otros pueblos, otras culturas y pensó que esos estudios eran los más adecuados para ello. Necesitaba además salir de Bilbao, quería conocer otros lugares y esa era sin duda una gran oportunidad.

En la universidad conoció a Raúl, un madrileño que al igual que a él le apasionaba la historia. Tenían muchas cosas en común pero había otras tantas que mostraban sus grandes diferencias. Raúl acababa de afiliarse al Partido Popular y no podía ocultar su alegría por estar trabajando desde el principio de una manera muy activa. Asier no era militante de ningún partido político pero en las últimas elecciones había votado al PNV. Discutían muchas veces sobre las ventajas o inconvenientes de los nacionalismos, del Estado, de un tipo de economía o de otra, pero siempre lo hacían con un gran aprecio y con un respeto absolutamente admirable.

Pasado el tiempo, un día de su último año de carrera Asier se levantó temprano para llegar con tiempo a la universidad. Mientras tomaba el desayuno veía en su televisor los informativos matinales que le facilitaban estar al día de la actualidad política. Cuando ya estaba a punto de terminar, le sorprendió una noticia de última hora que le cambiaría la vida por completo y para siempre. En la parte superior derecha de la imagen apareció en un pequeño recuadro una fotografía de su padre. En el centro, la presentadora relataba la muerte de una persona en un atentando de ETA a primera hora de la mañana. El autor, su padre, había sido detenido por la Ertzaintza y acabaría los últimos veinte años de su vida en una lejana prisión.

Mientras el tren reducía la velocidad para recoger viajeros en la próxima estación, recordaba con extraordinaria nitidez el impacto que la noticia le había provocado aquel día. Fueron aquellos, instantes en los que el tiempo se detuvo, momentos cargados de emociones y sentimientos extraños. El desconcierto, la confusión, la incertidumbre y la incredulidad habían marcado las primeras horas de aquella fatídica mañana. Su padre, la persona que más admiraba en el mundo, la persona que le había enseñado casi todo lo que había aprendido, había cometido el acto más reprobable que uno podía imaginarse. Comenzó así un largo periodo marcado por visitas a psicólogos y psiquiatras, meses de ingesta de pastillas, noches enteras de insomnio y de cientos de preguntas sin respuesta. 

En la facultad habían aparecido pintadas en las paredes de los baños que decían “Asier es un terrorista” y los profesores comenzaron a mirarle con cierto recelo. Las largas horas de estudio no servían para aprender las últimas lecciones que le quedaban para licenciarse y sus compañeros de facultad le había dado la espalda: todos menos Raúl. Este pensaba que él no era el culpable de lo que había pasado y por tanto no tenía ningún tipo de responsabilidad. Así que permaneció a su lado y le ayudó en todo aquello que pudo para hacerle la vida más llevadera. Finalmente, Asier abandonó la universidad a mitad del curso, regresó a Bilbao y comenzó a trabajar cerca de allí en un centro comercial.

Cuando ya habían pasado unos meses de su regreso a Vizcaya, recibió una llamada telefónica de Raúl y se inició entonces una conversación que jamás podría olvidar.
  • - Oye Asier, si nos juntamos unos cuantos tenemos pensado irnos el fin de semana a Salamanca a divertirnos un poco, ¿te apuntas?
  • - Te lo agradezco Raúl, pero el domingo por la mañana hay una manifestación que convoca la izquierda abertzale y me gustaría ir.
En ese momento se hizo un silencio absoluto, incómodo y más largo de lo normal. Poco después Rául le dijo:
  • - Oye Asier..., ummmm, ya se que nunca hemos hablado de esto pero....., no se muy bien como decírtelo.... yo la verdad es que.... ummmmm, la verdad es que no quiero que tu padre salga de la cárcel.
Se produjo de nuevo otro silencio, esta vez más largo y se percibía una pequeña tensión al otro lado del teléfono.
  • - Yo quiero que tu padre cumpla la condena que la justicia le ha impuesto. Creo que sería muy injusto si...
  • - ¡Raúl!, ¡Raúl!
  • - … los familiares de la víctima...
  • - ¡Raúl!, ¡escúchame por favor!
  • - Sí perdona -dijo Raúl más sosegado.
  • - Es una manifestación a favor del acercamiento de los presos de ETA, ¡sólo eso!. Oye, yo estoy al mismo lado que tú ¿sabes? así que ahórrate el discurso. Estoy con las víctimas. Yo tampoco quiero que mi padre salga de la cárcel. Quiero que cumpla la pena que le ha impuesto la justicia. Jamás le perdonaré lo que ha hecho pero no estoy dispuesto a recorrerme en coche con mi familia mil kilómetros cada vez que quiera ir a verle. No creo que sea necesario, ¿no te parece?.
Después de otra pequeña pausa Asier insistió:
  • - Lo entiendes, ¿verdad?
Raúl asimilaba lo que Asier le acababa de decir, y después de un rato le dijo:
  • - ¡Asier!... espérame el domingo en la estación de tren, iremos juntos.
Cuando Raúl colgó el teléfono permaneció durante un rato sentado en la cama fijando la mirada al suelo y preguntándose si había hecho bien. No estaba del todo seguro pero después de reflexionar se convenció de que no había nada de malo en solicitar el acercamiento de presos siempre y cuando se cumplieran las condenas.

Así que a primera hora del domingo Raúl cogió el tren hacia Bilbao. El día había amanecido soleado y a las 11 de la mañana Asier recogió a Raúl en la estación. Se dirigieron al punto de partida de la manifestación y cuando llegaron se colocaron en las primeras posiciones. Raúl no podía disimular su incomodidad, nunca le había gustado ese ambiente; siempre le había repugnado todo lo relativo a la izquierda abertzale y sin embargo, se encontraba compartiendo con ellos una causa que realmente a él no le interesaba, pero que significaba una excelente oportunidad para demostrar a su buen amigo que siempre podía contar con él para luchar por aquello que consideraba justo.
  • - No te preocupes Raúl, no pasará nada. Será absolutamente pacífica y cuando lleguemos al final del recorrido nos iremos inmediatamente -le dijo Asier en voz baja.
Saber que se irían pronto de allí tranquilizó a Raúl, y poco a poco fue sintiéndose más cómodo entre todas esas personas con las que no simpatizaba. Comenzó la manifestación y los de las primera fila comenzaron a gritar algunas palabras que Raúl no entendía.
  • -¿Qué dicen? -preguntó Raúl.
  • -“Acercamiento de presos ya” - le respondió Asier con una mirada de agradecimiento.
Al llegar la manifestación a su punto final Asier acompaño a Raúl a la estación de tren. No se podía quedar más tiempo porque al día siguiente tenía que entregar en la sede del partido una documentación sobre un proyecto medioambiental sobre el que estaba trabajando. Cuando llegó el tren que llevaría a Raúl de regreso a Madrid, Asier se despidió de él abrazándole efusivamente, dándole a entender lo mucho que le agradecía todo lo que había hecho por él.

El lunes llegó pero Raúl decidió quedarse un poco más de tiempo en la cama; estaba cansado del viaje de ayer y necesitaba dormir un poco más. Llegó a la sede sobre las 11 de la mañana y desde que entró por la puerta hasta que se sentó en su mesa había notado alguna mirada extraña en algún compañero; trataban como de evitarle. Se sentó en su mesa, se agachó para meter en el cajón inferior la documentación que había traído y fue entonces cuando notó un fuerte ruido encima de la mesa; alguien había dejado caer sobre ella un periódico. Con el ceño fruncido lo cogió, lo colocó del derechas y pudo ver en primera página una fotografía enorme situada debajo de un titular que decía “Manifestación a favor de ETA en Bilbao”. -¡Vaya manipulación! -se dijo así mismo Raúl. Centró la atención en la fotografía y se vio a sí mismo junto Asier en el medio de la imagen con una nitidez que hacía imposible negar que era él. Horas después supo que la casualidad había hecho que se hubieran colocado al lado de un conocido dirigente abertzale. Antes de terminar de leer la noticia escuchó al coordinador pronunciar su nombre. No le había sentido acercarse. Cuando Raúl levantó la cabeza el coordinador le dijo:
  • - No puedes continuar en este partido. Coge tu cosas y vete.
Con una mezcla de rabia e incredulidad, Raúl se levantó, cogió sus pertenencias y se dirigió a la puerta de salida. Nadie se acercó para despedirse de él pero cuando estaba caminando por el pasillo para salir del edificio vio llegar a Fernando, el compañero con el que estaba trabajando en el proyecto medioambiental y la persona con la que mejor se llevaba en el partido. Cuando estaban solamente a unos pasos de distancia Raúl hizo ademán de saludarle, pero Fernando le apartó la mirada y continuó como si no le hubiera visto. Solo unos segundos después, pudo oír a su espalda unas palabras que le llenaron de profundo dolor:
  • - ¡Adiós etarra!.
Cuando llegó a su casa, Raúl telefoneó a Asier para contarle lo que había sucedido.
  • - ¿Qué dices?, ¿en serio?, pero... ¿así sin más?, ¿sin ninguna explicación? -preguntó Asier con gran asombro.
  • - Sí, así sin más. ¿Te acuerdas de aquello que decíamos siempre cuando estudiábamos la asignatura de historia del siglo XX? -preguntó Raúl
  • - Sí claro. Aquello de que “las personas somos muy dadas a juzgar y muy poco dadas a intentar comprender” ¿verdad?
  • - Sí, y es algo que nunca cambiará de la condición humana. ¡Oye Asier!, avísame la próxima vez que vayas a una manifestación de esas ¿vale?
En ese momento el tren se detuvo. Asier miró a través de la ventana y vio que había llegado a su destino. Se bajó del tren y echó a caminar. Comenzaba así otro duro día de trabajo.

lunes, 26 de mayo de 2014

El efecto "Podemos"

La noche electoral del 25 de mayo ha puesto de manifiesto una realidad que ya es innegable; la muralla del bipartidismo PP-PSOE se ha resquebrajado en buena parte por el impacto de un proyectil llamado “Podemos” que ha trastocado todas las previsiones electorales y que ha reflejado de manera aplastante el hastío de una gran parte de los ciudadanos de este país.

Pero lo que quizás haya que preguntarse es por las causas de que un partido nuevo, con muy poco tiempo de vida, una formación probablemente con pocos recursos económicos y humanos y por tanto con poca capacidad de organización haya irrumpido en el panorama político de una manera tan contundente. ¿Por qué “Podemos” ha sido el gran triunfador y no UPyD o IU a pesar de que tenían unas muy buenas expectativas?

La respuesta quizás se pueda encontrar en un pequeño análisis de lo que representa esta formación.

  1. Es un partido completamente nuevo fundado por un dirigente desconocido y que nace en un momento en el que la desafección de los ciudadanos con la política es máxima. Esto significa que irrumpe en la política desde fuera, sin estar previamente en ella, y por tanto, esta libre de toda sospecha de formar parte de esa casta política que ha estado en connivencia con la corrupción y con la nefasta gestión de dinero público que se ha venido realizando durante tantos años.
  1. Es un partido de izquierdas. Los ciudadanos siguen teniendo en su mayoría la necesidad de saber en que posición ideológica se encuentra un determinado partido. Necesitan saber si un partido es de derechas, de izquierdas o de centro porque esta definición les facilita identificarse con ellos. “Podemos” es un partido al que cualquier ciudadano sabe situarlo en la izquierda sólo con escucharlo un par de minutos o leer alguna de sus propuestas. Este lugar que ocupa es ventajoso en una España que se encuentra en una situación insólita. La España de hoy es en su mayoría de izquierdas, a pesar de que el PP siga ganando las elecciones. Es de izquierdas por aquello que decía Marx, aquello del materialismo histórico, que viene a decir que “es tu situación económica la que determina tu pensamiento” o dicho de una manera mas formal, “no es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, su ser social es el que determina su conciencia”. En un país con unas cifras desorbitadas de paro, de recortes y desahucios, muchos ciudadanos se radicalizan hacia la izquierda y anhelan una formación que practique una política lo más diferente posible a la neoliberal, que es para muchos, la responsable de la situación actual.

  2. Es el partido que mejor ha conectado con los problemas cotidianos de la gente. Desgraciadamente nuestro país se está aproximando a una situación que no se veía desde hace muchas décadas. Aquella situación de principios de siglo XX en la que algunos dirigentes políticos prometían pan para todos. Las personas que han sido desahuciadas o que están a punto de serlo, las personas que han perdido el empleo y no tienen esperanzas de encontrar uno, las personas que están desprotegidas del sistema, las que viven por debajo del umbral de la pobreza necesitan encontrar un referente político que esté claramente de su lado. Pablo Iglesias ha realizado esto de una manera magistral. Se ha paseado por numerosas tertulias políticas defendiendo siempre al desahuciado, al escrache, denunciando las condiciones de los trabajadores, poniéndose al lado de quien se manifiesta por defender su trabajo. Ha sido implacable con la estafa de los bancos, con los políticos, con la corrupción, con la unión europea, con la dictadura de los mercados, con el euro y todo ello vende muy bien en una sociedad que sabe perfectamente quiénes son los responsables de la situación actual
     
  3. Su dirigente tiene un discurso político moderno y tranquilo. Pablo Iglesias no forma parte de esa clase de políticos que buscan el aplauso ante multitudes. No es una persona de discurso fácil y vacío. Es alguien que se defiende bastante bien en el arte de la oratoria y se presenta ante los ciudadanos tal y como es; con una vestimenta sencilla y con un discurso tranquilo, sosegado y razonado.

  4. Es un partido con un programa electoral claro, directo y sencillo. Quien se disponga a leer el programa electoral de esta formación, comprobará que va directo al grano. Expone los problemas y las propuestas de una manera sencilla, resumida, comprensible por cualquier ciudadano independientemente de su nivel cultural. Y como no podía ser de otra manera, es un programa de izquierdas, que defiende entre otras muchas cosas la jubilación a los 60 años o la jornada laboral de 35 horas, ideas que, realizables o no, al menos atraen a los trabajadores, que son muchos.
Estas podrían ser algunas de las características que podrían destacarse de esta formación. Pero como dice el refrán, “una cosa es predicar y otra dar trigo”. Veremos si “Podemos” es capaz de llevar a cabo alguna de esas interesantes iniciativas que plantea.

domingo, 7 de abril de 2013

Los nuevos indignados

Durante estos últimos días, los diputados del PP se están mostrando muy indignados. ¡Vaya por Dios! Mucho me temo, que tendrán que crear un movimiento parecido al 15-M para presentar reivindicaciones que les protejan del acoso que están sufriendo. ¡Ah no, que tontería! ¡Si forman parte del partido del gobierno! ¡No necesitan ningún movimiento de este tipo! ¡Pueden hacer y deshacer las cosas a su antojo!
Resulta que mientras nos despertamos diariamente pensando en el nuevo caso de corrupción que aparecerá en los medios de comunicación, o en la indemnización desorbitada que recibirá algún político por despido improcedente, -menos mal que el PP abarató el despido-, o en las retribuciones astronómicas que recibirá algún directivo de banca por sus servicios prestados, -menos mal que la gestión de muchos de ellos fue nefasta-. Mientras nos despertamos pensando cuál va a ser el nuevo recorte que se aplique a los ciudadanos, o qué servicio público esencial se va a privatizar, o cuántos nuevos parados tendremos hoy, o cuántas personas serán desahuciadas, aparece el escrache. !Vaya! ¡Esto sí que es intolerable! ¡Inadmisible en una democracia! Pero, ¿qué se han creído estos bolcheviques? ¿Se creen que pueden rodear los lujosos hogares de los señores/as diputados, lanzar soflamas, alterando el bienestar de sus señorías? ¿Pero dónde se ha visto ésto?
Me da la impresión, de que cuando uno tiene la vida resuelta gracias a la fortuna de tener un trabajo muy bien remunerado, y además, en caso de perderlo, encontrar otro ipso facto gracias a sus circunstancias personales, debe ser, pienso, muy difícil ponerse en la situación de quien lo ha perdido todo. Debe ser así, digo, porque no solamente los diputados del PP están indignados con este movimiento, sino que también, a una buena parte de nuestra sociedad bien acomodada no les cabe en la cabeza el hecho de que en un país “democrático” como España sucedan estas cosas. ¡Vaya! No se si tendrá mucho que ver con todo ésto, aquello que decía Machado de que “es propio de hombres de cabezas medianas, embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”.
A estos indignados, me gustaría preguntarles qué es lo que creen que deben hacer estos miles de ciudadanos que se han quedado sin hogar o están a punto de perderlo. A estos miles de ciudadanos sin trabajo, sin ningún tipo de ayuda económica para sobrevivir, sin ninguna esperanza a corto plazo. A todos estos ciudadanos, de los cuales, muchos de ellos están enfermos o son excesivamente mayores para tener capacidad suficiente de reconducir su vida. Creo que sería bueno saberlo, porque ya que nuestras instituciones no son capaces, o mejor dicho, quienes las dirigen, no quieren ocuparse de este tipo de problemas, quizá estos indignados a título personal les puedan dar una solución. Quizás les puedan proporcionar alojamiento gratuito en alguna de sus propiedades, ¿y quien sabe?, hasta a lo mejor les pueden dar una ayuda de 300 € mensuales para ir tirando.
Supongo que me responderán con las mismas palabras que se escuchan en los medios de comunicación a tanto “entendido” sobre estos asuntos: “En un Estado de derecho, en una democracia hay que respetar las leyes”. Claro, claro. No seré yo quien niegue esas palabras. Pero, ¿hasta cuándo hay que respetarlas? Porque en un Estado de derecho en el que el respeto y cumplimiento de las leyes provoca injusticias y desigualdades tan salvajes, en un Estado de derecho en el que es palmario la existencia de leyes que benefician y protegen a los menos y perjudican a los más, ¿dónde debe situarse la línea roja que separa la obediencia de la desobediencia civil?. Un país que tiene aversión a los referendum, un país donde los gobernantes se creen legitimados para seguir gobernando cuando incumplen todas las promesas con las que alcanzaron el poder, un país que únicamente permite alzar la voz a los ciudadanos cada cuatro años en procesos electorales, ¿qué alternativa nos queda? ¿Por qué estos “entendidos”, en lugar de atacar el comportamiento de quienes más desesperados se encuentran, no se muestran más comprensivos, y aúnan sus voces para exigir al gobierno una inmediata y exhaustiva revisión de la legislación vigente, con objeto de modificar todas aquellas leyes que no se correspondan con lo que se entiende como medianamente justo? Tiene bemoles, que haya sido la Unión Europea, la que le sacara los colores al gobierno por mantener una ley hipotecaria injusta y abusiva.
Mientras espero la respuesta de estos indignados, voy a aprovechar para explicarles a los diputados del PP, las causas que han llevado a que muchos ciudadanos practiquen el escrache. También habría que explicárselo a los del PSOE, porque son corresponsables de esta desgracia que nos ha caído a los españoles, pero como hoy, quien tiene capacidad de cambiar esta situación es el PP, me dirijo exclusivamente a ellos.
Habéis convertido la democracia en una plutocracia, gobernada por y para los mercados y grandes poderes económicos. Habéis convertido la democracia en un régimen oligárquico y corrupto, dirigido por castas políticas que no muestran el más mínimo interés por las necesidades, problemas y deseos de los ciudadanos. Habéis convertido la democracia en la ilusión anhelante de quienes quieren seguir creyendo en una justicia que represente a todos. ¿Qué pretendéis entonces ahora? ¿Pretendéis que los ciudadanos se queden de brazos cruzados ante vuestra desmesurada pasividad, mientras pierden en muchos casos lo único que tienen y por lo que han trabajado durante tanto tiempo? ¿Pretendéis que se queden de brazos cruzados ante vuestra desmesurada indiferencia, mientras ven cómo sus familias o sus vecinos encuentran en el suicidio la única salida a sus problemas?. ¿Pretendéis que se queden de brazos cruzados mientras las calles se convierten cada día en el nuevo hogar de cientos de personas, avocadas a la caridad de quienes tienen más humanidad de la que vosotros habéis mostrado? ¿Habéis tenido vosotros un comportamiento medianamente aceptable en relación a vuestras obligaciones y responsabilidades para exigir a los ciudadanos ahora un comportamiento que vosotros no habéis tenido? Y todavía hay quien tiene la desfachatez de llamar “terrorista” o “nazi” a quienes lo único que pretenden, es recuperar lo que les han quitado y normalizar un país que vosotros habéis arruinado.

Me gustaría recordaros, que la democracia, esa palabra que tanto os gusta nombrar pero tan poco practicar, es una forma de gobierno que ha sido posible en muchos países gracias a la desobediencia civil de sus pueblos, en situaciones en las que ya no era posible seguir soportando los abusos y las injusticias que ejercían unos pocos contra la mayoría. ¿Cómo si no se formó la democracia en los Estados Unidos de América? En un sistema democrático y de derecho hay que respetar las leyes, pero hay que cambiarlas de inmediato en el momento que se detecta que no son justas.
El escrache no es agradable para nadie, ni siquiera para quienes lo practican. El escrache no está justificado cuando emplea la violencia o la agresión, pero cuando es pacífico, se convierte en imprescindible como método de presión, en aquellas sociedades completamente rotas por la irresponsabilidad de sus dirigentes. No os quejéis tanto. Los ciudadanos están teniendo un comportamiento ejemplar. En Francia, por mucho menos, estarían ardiendo las calles. No os quejéis tanto. Es un precio excesivamente bajo el que estáis pagando por el excesivamente alto que tienen que pagar muchos ciudadanos a los que habéis arruinado sus vidas.

viernes, 8 de marzo de 2013

Chávez: verdades en silencio


La muerte de Chávez ha puesto de manifiesto una vez más, que en este país la verdad importa muy poco. Aunque no soy defensor de la política chavista ya que mi idea de hacer política va en otra dirección, no puedo dejar de indignarme ante la manipulación informativa que se produce en este país en relación a algunos temas. A este respecto, poca distancia nos separa de la última etapa franquista, en la que la información veraz de las cosas que pasaban en los primeros años de la década de los 70, no provenía de los medios de comunicación españoles, sino que provenía del extranjero, principalmente de Francia. Al igual que en aquella época, para conocer hoy la realidad de la política venezolana, hay que recurrir a medios de comunicación extranjeros independientes, donde dan una visión mucho menos frívola y mucho menos exagerada que los medios de comunicación que tenemos en nuestro país.

Los detractores de Chávez le acusan de no haber sido un demócrata. Muy probablemente haya sido así pero hay que recordar que Chávez ha ganado las elecciones en numerosas ocasiones, y después de más de una década, una buena parte del pueblo venezolano -que supera probablemente el 50% de la población- sigue estando a su lado. No está de más recordar también la sorpresa que se llevaron muchos americanos cuando oyeron decir a Jimmy Carter -que ha pasado a la historia de la política estadounidense por ser un gran defensor de los derechos humanos, además de haber ganado el premio nobel de la paz- que el sistema electoral venezolano era el mejor del mundo.

A Chávez le acusan también de gobernar un país corrupto (como si los españoles pudiéramos dar lecciones de ésto). Le acusan de codearse con grandes dictadores internacionales como Gadafi (como si en España no hubiera existido una época muy reciente en la que el presidente de gobierno de turno era un gran amiguito de este tipo). Le acusan de haber gastado mucho dinero en armas (debe ser que en España no se ha hecho algo parecido). Le acusan de influir en las decisiones de la justicia (como si aquí estas cosas no pasaran). Le acusan de dejar el país en la más absoluta pobreza (además de que no es cierto, estamos los españoles como para hablar de ésto). Le acusan de que ha incrementado enormemente la inseguridad ciudadana (en España también, aunque no tanto). Pero en Venezuela quien no tenía nada, ahora tiene algo (poco, pero algo). En España, quien nada tenía, nada tiene; quien tenía poco, tiene menos; y quien tenía mucho, ahora tiene más.

Aunque está claro que Venezuela es un país en el que la población tiene grandes necesidades, un país que necesita de una mayor libertad y mejorar en muchas cosas, se está pretendiendo silenciar en el nuestro, que en los últimos 12 o 13 años, Chávez, consiguió reducir la pobreza en Venezuela en un 33% aproximadamente (en ese periodo de tiempo en España aumentó considerablemente). Consiguió reducir la mortalidad infantil a casi la mitad. La renta per capita aumentó más del doble (en España ha disminuido drásticamente con la llegada del Euro). El desempleo se ha reducido a la mitad (en nuestro país ha aumentado drásticamente). La deuda pública de Venezuela es alta pero inferior a la de la zona euro y por supuesto a la de España, por no hablar que en Venezuela nadie se suicida porque le vayan a quitar su vivienda. Hay un reconocimiento internacional respecto a que los venezolanos más desfavorecidos han mejorado su calidad de vida con la llegada de Chavez. Además, consiguió también descender drásticamente el nivel de analfabetismo del país y los venezolanos disfrutan de una educación gratuita. Todas estas cosas no se cuentan, no interesa contarlas. Hay quienes dicen que todo ello es gracias al hecho de tener petróleo. Claro que sí, pero también el hecho de tener petroleo es muy buen detonante para subirse al carro del capitalismo salvaje y no lo ha hecho.

Quizás la revolución bolivariana no permita finalmente conseguir el desarrollo que Venezuela se merece. Quizás “el socialismo del siglo XXI” del que hablaba Chávez haya que enfocarlo de otra manera para no repetir algunos de los errores que Chávez cometió. Pero no se puede negar que la política de Chávez ha beneficiado considerablemente a millones de personas que se encontraban en la más absoluta pobreza y en la más absoluta marginalidad. Hay quienes piensan que Chávez fue un dictador. Que no olviden quienes así piensan que Chávez nunca se arrodilló ante los grandes poderes económicos, que son los que representan la nueva dictadura del siglo XXI.

Algunos links interesantes:
http://data.worldbank.org/indicator/SI.POV.NAHC/countries/VE?display=graph

miércoles, 23 de enero de 2013

España mítica


[...] Año 2030. España forma parte de los llamados Estados Unidos de Europa desde hace más de 15 años. En el inicio, allá por el 2015, los Estados Unidos de Europa se unen con unas pretensiones muy claras: construir un gran estado europeo que tenga como objetivo principal la igualdad de derechos y obligaciones entre todos los Estados miembros. Pero lo que nace como un ideal, con el paso del tiempo queda enterrado por el egoísmo y la avaricia de algunos. Los mini-estados más fuertes toman posiciones desde el inicio de la carrera, y hoy, 15 años después, disfrutan de una ventaja que resulta inalcanzable para algunos de los Estados miembros.

España no está ahí; está sin embargo en la cola del pelotón. Las ilusiones puestas en un principio se han desvanecido. Los españoles se sienten engañados. Muchos de ellos se consideran explotados. Han visto desde el año 2015 cómo disminuye su poder adquisitivo. Han visto incrementar su carga impositiva año a año. Las jornada laboral ha vuelto a aumentar a 10 horas como antaño. No hay paro pero la gente se empobrece y el consumo se reduce a mínimos en 50 años.

La sociedad no aguanta más. Está dividida. Una buena parte aboga por salirse de los Estados Unidos de Europa. Muchos ciudadanos consideran que les iría mucho mejor por su cuenta, sin estar vinculados a esas obligaciones que han ido cambiando con el paso del tiempo. Alemania y Francia escuchan, oyen las protestas españolas y les envían un mensaje muy claro. “Ustedes no pueden decidir de manera unilateral salirse de los Estados Unidos de Europa. Es una decisión que debemos tomar todos porque el hecho de que os vayáis nos afecta a los demás”.

Pero los españoles no son tontos; saben perfectamente que los demás estados no van a permitir que España se vaya. Alemania, Francia, Austria y algunos otros se están beneficiando de la situación española. España les exporta muchos productos a precios muy bajos. Los estados vecinos disfrutan de una calidad de vida de ensueño para una España que trabaja mucho; sí, trabaja mucho pero por sueldos miserables.

Ante un estallido social que va en aumento el gobierno español decide recorrer Europa. Se reúne con el dirigente francés, con el alemán, con el inglés y con muchos otros. Se queja ante ellos. Les comunica su disconformidad, la injusticia tan terrible que está cayendo sobre la sociedad española. Pero los estados vecinos miran para otro lado. Niegan las palabras del dirigente español. Ven a España como un país privilegiado. “Es el país con más empresas y fábricas de los Estados Unidos de Europa. Es el país en el que más se ha invertido en infraestructuras. Es el único país que no tiene paro. No tenéis derecho a quejaros, sois unos desagradecidos” le “escupe” el dirigente alemán a nuestro presidente.

Ante tal experiencia, el dirigente español regresa dolido a su país. Mediante un impulso de rebeldía, envía a la sociedad un mensaje claro y contundente: “Españoles, haremos un referéndum. Si votáis a favor, nos independizaremos de los Estados Unidos de Europa a pesar de lo que digan nuestros vecinos”. [...]

Esta es la crónica exagerada de una España mítica en el año 2030. Una España que tiene la percepción de que una vida al margen del Estado mejoraría sus condiciones de vida. Y es una percepción porque la realidad puede ser otra dependiendo de quien la mire. Basta con escuchar la crónica que hacen los estados vecinos sobre esta mítica España. Nada tiene que ver con la percepción de la sociedad española.

En ocasiones no es posible encontrar una verdad absoluta. Nos tendremos que conformar con una verdad relativa que estará determinada por la percepción que tengamos de las cosas. Nada tiene que ver Cataluña con esta mítica España excepto en un cosa: la percepción que tienen algunos de que es mejor vivir sólo que mal acompañado. ¿Cuántos de los que hoy niegan el derecho a decidir de los catalanes negarían también el derecho a decidir de los españoles en esta España mítica?. ¿De qué depende poder decidir o no poder decidir? ¿Acaso el hecho de que Cataluña haya pertenecido siempre al Estado español y esa mítica España no haya pertenecido desde siempre a esos Estados Unidos de Europa, es lo que justificaría la negación del derecho a decidir a Cataluña? El derecho a decidir está relacionado con la libertad, y más concretamente con la prioridad de las libertades. La libertad no entiende de verdades ni de mentiras, de realidades ni de apariencias; entiende de voluntades. Ya lo decía Victor Hugo: "La libertad es, en la filosofía, la razón; en el arte, la inspiración; en la política, el derecho".

miércoles, 17 de octubre de 2012

Ortega, España y los nacionalismos

En unos momentos de confusión como los que vivimos hoy, no hay nada como echar la vista atrás para saber cómo caminar hacia adelante. Una mirada sincera hacia la obra de Ortega, nos puede ayudar a encontrar la sensatez que tan a menudo falta en la política actual y a revisar algunas de nuestras convicciones sobre España y los nacionalismos.

Ortega era un gran defensor de la unidad de España y de la unidad de Europa como verdadera y definitiva solución a un problema que llevamos arrastrando durante demasiado tiempo. Veía en los nacionalismos el gran problema de la España del momento. Los nacionalismos son para nuestro filósofo, en gran parte artificios, sentimientos egoístas que no tienen en cuenta las necesidades de los otros ni su necesaria solidaridad con ellos. Estas ideas y otras similares del pensador español son habitualmente citadas por quienes defendemos un proyecto nacional común, sin separatismos, unidos, cohesionados. Sin embargo, sería deshonesto utilizar para nuestro propósito estas pretensiones orteguianas sin examinar con detenimiento lo que detrás de ellas se esconde.

El particularismo es un proceso de desintegración en el que las partes del todo comienzan a vivir como todos aparte. Este fenómeno es para Ortega el más preocupante de los existentes en la España de entonces. Su esencia consiste en que cada grupo de una nación deja de sentirse a sí mismo como parte y en consecuencia deja de compartir los sentimientos de los demás. Es un estado espiritual en el que se cree no tener por qué contar con los demás. Unas veces por excesiva estimación de nosotros mismos, otras por excesivo menosprecio del prójimo, perdemos la noción de nuestros propios límites y comenzamos a sentirnos como todos independientes. En España, este proceso de desintegración comienza en los últimos años del reinado del Felipe II y finaliza a finales del siglo XIX, estando desde entonces preparado para continuar. Pero, ¿por qué surge este fenómeno? ¿Por qué hay ciudadanos que quieren separarse de un Estado al que llevan perteneciendo tanto tiempo? Ortega nos da la respuesta en una de sus obras más conocidas: La España invertebrada.

Para el autor de la obra, la historia de toda nación y sobre todo la latina es un vasto sistema de incorporación. La formación de un pueblo no se crea por la dilatación de un núcleo inicial (como sucede por ejemplo con la familia), sino a través de la organización de muchas unidades sociales preexistentes en una nueva estructura. Esa incorporación no implica “tragarse” a esas unidades sociales ni anular su carácter, porque el sometimiento, la unificación o la incorporación, no significa muerte de los grupos como tales. De hecho,  la fuerza de independencia que hay entre ellos perdura. Pero la historia de una nación no es solamente la de su período formativo y ascendente sino también la de su decadencia.  Por tanto, –dice el filósofo-, “hay que entender toda unidad nacional, no como una coexistencia interna, sino como un sistema dinámico”.

Ortega hace aquí una apreciación sumamente interesante; al entender la unidad nacional como sistema dinámico, está dando a entender que la historia no determina el futuro de una nación. Es muy común en nuestros políticos refugiarse en la historia de España para justificar un gran inmovilismo en lo referente a su idea. Una nación no tiene por qué seguir siendo lo que es o lo que ha sido, sino que serán las circunstancias del momento las que determinen lo que debe ser. A este respecto llegará a decir más adelante: “No es el ayer, el pretérito, el haber tradicional, lo decisivo para que una nación exista. Este error nace de buscar en la familia […] el origen del Estado. Las naciones se forman y viven de tener un programa para mañana”.

El poder creador de las naciones va a ser para Ortega una especie de genio o talento de carácter imperativo, no un saber teórico. Va a consistir en un saber querer y un saber mandar, pero siendo conscientes de que mandar no es simplemente convencer ni simplemente obligar, sino que es “una exquisita mezcla de ambas”. Va a ser fundamental la sugestión moral y la imposición material perfectamente mezcladas en lo que es el acto de imperar. Porque  las personas que viven juntas en un Estado lo hacen para realizar algo: son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. “No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo”.

Así, en efecto, ha sido la creación de la nación española. España es una cosa hecha por Castilla. Nace en la mente de ella pero no como una intuición de algo real (España no existía como tal), sino como un ideal esquema de algo realizable, un proyecto incitador de voluntades. “La unión se hace para lanzar la energía española a los cuatro vientos, para inundar el planeta, para crear un Imperio aún más amplio. La unidad de España se hace para esto y por esto”. Por tanto y según Ortega, es fundamental en toda unidad nacional tener una idea clara de para qué  se quiere estar unidos, para realizar qué. Va a ser imprescindible la capacidad de persuadir, de convencer de la necesidad de esa unión, la idea de tener un proyecto sugestivo de vida en común.

Sin embargo cuando la unión nacional es necesaria y no se puede conseguir mediante la razón, Ortega es partidario del empleo de la fuerza de las armas. “Por muy profunda que sea la necesidad histórica de la unión entre dos pueblos, se oponen a ella intereses particulares […]. Vano fuera el intento de vencer tales rémoras con la persuasión que emana de los razonamientos. Contra ella sólo es eficaz el poder de la fuerza, la gran cirugía histórica”. “Desde hace un siglo padece Europa una perniciosa propaganda en desprecio de la fuerza”. “Se ha conseguido imponer a la opinión pública europea una idea falsa sobre lo que es la fuerza de las armas. Se le ha presentado como cosa inhumana y torpe residuo de la animalidad persistente en el hombre. Se ha hecho de la fuerza lo contrapuesto al espíritu, o, cuando más, una manifestación espiritual de carácter inferior”. “La fuerza de las armas no es fuerza bruta, sino fuerza espiritual”.

Es preciso aclarar para no confundir al lector, que nuestro filósofo era un hombre de su tiempo al que le debemos aplicar su famoso “yo soy yo y mi circunstancia”. Hay que situar sus palabras en el contexto social de la época (años 20), en el contexto de la obra y en el contexto global de su pensamiento para no caer en la lectura fácil y literal que tan a menudo se suele hacer y que lleva a interpretaciones equivocadas. Ortega, ciertamente, no era un pacifista en el sentido actual del término. Él mismo lo dice: “Siento mucho no coincidir con el pacifismo contemporáneo en su antipatía hacia la fuerza; sin ella no habría habido nada de lo que más nos importa en el pasado, y si la excluimos del porvenir sólo podremos imaginar una humanidad caótica”. Pero tampoco hace un ensalzamiento de la fuerza ni de las armas sin más, sino que hace un análisis histórico sobre la unificación de las naciones, considerando que esa unificación y posterior prosperidad que con ellas surgió no hubiera sido posible sin la fuerza de las armas.

Una vez llegados a este punto, Ortega sentencia: “cuando una sociedad se consume víctima del particularismo, puede siempre afirmarse que el primero en mostrarse particularista fue precisamente el poder central. Y esto es lo que ha pasado en España. Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho”. Castilla invitó a los demás pueblos peninsulares para que colaborasen en un gigantesco proyecto de vida común. Pero con Felipe III todo se desvanece. Ya no se emprende nada nuevo, ni en lo político, ni en lo científico ni en lo moral, solamente se limita a conservar el pasado.

Como podemos observar, Ortega señala como principal culpable de la aparición de los nacionalismos a Castilla. Ha sido su dejadez política la que ha provocado que las regiones incorporadas en el pasado ya no quieran continuar a su lado. Nuestro filósofo se plantea una pregunta ineludible: “¿Es extraño que, al cabo del tiempo, la mayor parte de los españoles, y desde luego la mejor, se pregunte: para qué vivimos juntos? Porque vivir es algo que se hace hacia delante, es una actividad que va de este segundo al inmediato futuro. No basta pues, para vivir la resonancia del pasado y mucho menos para convivir”.  Ortega hace aquí sin duda un guiño a Ernest Renan quien en su “¿Qué es una nación?” la denominaría como “un plebiscito diario caracterizado por la voluntad de convivir”.

Se plantea además muchas otras cosas: “¿Qué nos invita el Poder público a hacer mañana en entusiasta colaboración? Desde hace mucho tiempo, mucho, siglos, pretende el Poder público que los españoles existamos no más que para que él se dé el gusto de existir. Como el pretexto es excesivamente menguado, España se va deshaciendo, deshaciendo…” “La convivencia nacional es una realidad activa y dinámica, no una coexistencia pasiva y estática como el montón de piedras al borde de un camino. La nacionalización se produce en torno a fuertes empresas incitadoras que exigen de todos unos máximos de rendimiento y, en consecuencia, de disciplina y mutuo aprovechamiento. Solo la acción, la empresa el proyecto de ejecutar un día grandes cosas son capaces de dar regulación, estructura y cohesión al cuerpo colectivo.”

No obstante, Ortega responsabiliza también a los nacionalismos del desvanecimiento de la unidad nacional porque la energía unificadora de una nación, necesita para no debilitarse, de un estimulante, de la fuerza contraria, de la dispersión, del impulso centrífugo que pervive en los grupos. Por eso dice: “Si Cataluña o Vasconia hubiesen sido las razas formidables que ahora se imaginan ser, habrían dado un terrible tirón de Castilla cuando ésta comenzó a hacerse particularista, es decir, a no contar debidamente con ellas. La sacudida en la periferia hubiese acaso despertado las antiguas virtudes del centro y no habrían, por ventura, caído en la perdurable modorra de idiotez y egoísmo que ha sido durante tres siglos nuestra historia.”

Aquí finaliza la primera parte del análisis de la España Invertebrada. Ahora es el momento de que cada uno extraiga las conclusiones que crea oportunas; yo sacaré las mías porque aunque no es posible trasladar literalmente el pensamiento de Ortega a la época actual, sí creo que muchas de sus ideas tienen una perfecta actualidad.

Estoy muy de acuerdo con el pensamiento del autor excepto en la utilización de la fuerza como último instrumento para conseguir la unidad nacional. Creo que en ningún caso se debería utilizar para este fin. Estoy de acuerdo con él, con que el principal responsable del incremento del sentimiento independentista es el Estado español. Éste no ha sabido durante los últimos años comportarse como tal. Ha sido un Estado ficticio dividido en 17 mini estados. Ha sido un Estado dirigido por unos políticos ineptos que han permitido el expolio de su riqueza desde todos sus rincones.  Un Estado en ruinas, carente de cualquier tipo de proyecto ilusionante, que no solamente no ha sido capaz de avanzar hacia un mayor bienestar social sino que ha retrocedido. Un Estado que no se ha preocupado de salvaguardar los intereses de los ciudadanos, que no ha sido capaz de tener una posición decisiva en Europa, que en definitiva, ha dado la espalda a una sociedad de la que vive. Es cierto en mi opinión también, que los nacionalismos han sido excesivamente egoístas; nunca se han preocupado del bien común, se han preocupado exclusivamente de su bien particular. Por otro lado, creo también que la historia no puede determinar el futuro de una nación; está ahí para aprender de ella, pero no para copiarla. Podrá sugerirnos lo que es y no es conveniente hacer, pero quien determina el futuro de una nación son sus ciudadanos y las circunstancias en las que viven. Es además fundamental como dice Ortega, la existencia de una voluntad de convivir porque de las imposiciones solo nacen resistencias. Una voluntad de convivir que estará asegurada cuando el Estado actúe como tal, cuando cumpla con sus obligaciones y ejerza sus funciones, cuando sepa ser justo, cuando sepa persuadir, convencer y sobre todo razonar. Aunque para conseguirlo, probablemente sea necesario otra clase de políticos, y quizás también... otra España.