"Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío"   Don Quijote de la Mancha

sábado, 28 de marzo de 2015

John Rawls: Teoría de la justicia. La posición original


Como ya sabemos, en la justicia como imparcialidad se deben seleccionar unas principios en una posición inicial que Rawls denomina “posición original”. Veamos en que consiste esto.

En la justicia como imparcialidad, la posición original de igualdad corresponde al estado de naturaleza en la teoría tradicional de contrato social. Es una situación puramente hipotética, en la que nadie sabe cuál es su lugar en la sociedad, su posición, clase o status social. Nadie sabe cuál es su suerte en la distribución de ventajas y capacidades naturales como la inteligencia o fortaleza, y así nadie está en posición de diseñar principios que le sean ventajosos. Incluso los propios miembros del grupo no conocen sus concepciones acerca del bien. De esta manera, los principios de justicia se escogen tras un velo de ignorancia. Esto asegura que los resultados del azar natural o de las contingencias de las circunstancias sociales no darán a nadie ventajas ni desventajas al escoger los principios.

La posición original será el status quo inicial apropiado que asegure que los acuerdos fundamentales alcanzados en él sean imparciales. Será la mejor interpretación de la situación inicial que exprese las condiciones que se considera razonable imponer a la elección de los principios. Para comprenderlo mejor podemos imaginarnos a un conjunto de personas racionales, donde cada una de ellas tiene un conjunto de características determinadas -unas son más inteligentes que otras, o han nacido en unas circunstancias más favorables para el desarrollo de su personalidad, etc- de manera que partiendo de una posición de igualdad eligen una serie de principios a seguir que les ayuden a conseguir sus intereses. Al ser personas racionales no suscribirán acuerdos que no puedan cumplir, o que puedan hacerlo sólo a través de grandes dificultades.

Pero, ¿qué quiere decir Rawls cuando habla de “partir de una posición de igualdad” si las personas no son iguales? ¿Como se parte de una posición de igualdad si unos son más inteligentes que otros, o tienen más recursos económicos, o simplemente ha nacido en unas circunstancias determinadas que han beneficiado su personalidad? Rawls se refiere a que en el procedimiento para escoger los principios todos tienen los mismos derechos, todos pueden hacer propuestas, someter a razón los argumentos, y el valor o la importancia del veto o aprobación de un principio realizado por un miembro de la sociedad vale exactamente lo mismo que la de cualquier otro. Es decir nadie va a estar en una posición ventajosa o desventajosa por la fortuna natural o por las circunstancias sociales. Así, nadie va a poder adaptar principios a las circunstancias de su propia situación.

Por tanto, la situación inicial debe incorporar condiciones que se consideren razonables imponer en la elección de principios. En contraste con la teoría social, el objetivo es caracterizar esta situación de manera que los principios que resulten escogidos, cualesquiera que fuesen, resultasen aceptables desde un punto de vista moral. La posición original se define de tal modo que sea un status quo en el cual cualquier acuerdo que se obtenga sea equitativo. Es un estado de cosas en el cual las partes están igualmente representadas como personas morales.

¿Por qué no aprovechar las ventajas naturales?
De alguna manera tenemos que anular los efectos de las contingencias específicas que ponen a los hombres en situaciones desiguales y en tentación de explotar las circunstancias naturales y sociales en su propio provecho.
En la posición original, Rawls supone que las personas no conocen su concepción del bien. Esto significa que, aun sabiendo que tienen algún plan racional de vida, no conocen los detalles de dicho plan, es decir, los fines e intereses particulares que están destinados a promover. ¿Cómo pueden, entonces, decidir cuál de las concepciones de la justicia les será más favorable? Para Rawls será más favorable aquella que proporcione más bienes sociales primarios.

Pero Rawls parece que peca a veces de un exceso de idealismo; en esa posición original supone que el individuo es un ser al que no le asalta la envidia; no es de los que están dispuestos a aceptar una pérdida para sí sólo en el caso de que los demás la tengan también; no le resulta insoportable el saber o darse cuenta que otros tienen una cantidad mayor de bienes sociales primarios. Esto es verdad al menos mientras las diferencias entre él y los demás no excedan de ciertos límites, y mientras él no crea que las desigualdades existentes se basan en la injusticia o son el resultado de una mera casualidad que no sirva para ningún propósito social compensatorio. Las partes no pretenden conferirse mutuamente beneficios, ni dañarse; no están motivadas por la afección o por el rencor. Tampoco tratan de beneficiarse de los demás. Pero realmente no es un exceso de idealismo. Como se ha dicho anteriormente, la posición original es una situación hipotética. Además, los individuos son definidos teóricamente.

Se supone que las partes son capaces de tener un sentido de la justicia y que este hecho es de conocimiento público. Esta condición asegura la integridad del acuerdo hecho en la posición original. No significa que en sus deliberaciones las partes apliquen alguna concepción particular de la justicia ya que esto anularía el objetivo del supuesto de la motivación. Significa, por el contrario, que las partes pueden confiar mutuamente en que entenderían y actuarán conforme a los principios que finalmente hayan convenido. Una vez que los principios son reconocidos las partes pueden confiar en que todos se ajustarán a ellos. Al alcanzar un acuerdo sabrán entonces que su empresa no es inútil: su sentido de la justicia les asegura que los principios escogidos serán respetados.

La posición original no debe ser imaginada como una asamblea general que incluye en un momento dado a todos los que vivirán en un tiempo determinado, ni mucho menos como una asamblea de todos los que pudieran vivir en un tiempo determinado. No es una reunión de todas las personas reales y posibles. Si concebimos la posición original de alguna de estas maneras, la concepción dejaría de ser una guía natural de la intuición y carecería de un sentido claro. La posición original tiene que ser interpretada de manera que en cualquier momento se pueda adoptar su perspectiva. Es indiferente cuándo se adopta este punto de vista y quién lo hace: las restricciones deberán ser tales que siempre se escojan los mismos principios.

Se había dicho al comienzo de este capítulo, que los principios son elegidos bajo un velo de ignorancia. El velo de ignorancia es un estado tras el cual las partes no conocen ciertos tipos de hechos determinados. Ante todo, nadie conoce su lugar en la sociedad, su posición o clase social; tampoco sabe cuál será su suerte en la distribución de talentos y capacidades naturales, su inteligencia y su fuerza, etc. Igualmente nadie conoce su propia concepción del bien, ni los detalles de su plan racional de vida, ni siquiera los rasgos particulares de su propia psicología, tales como su aversión al riesgo, o su tendencia al pesimismo o al optimismo. Más todavía, supongo que las partes no conocen las circunstancias particulares de su propia sociedad. Esto es, no conocen su situación política o económica, ni el nivel de cultura y civilización que han sido capaces de alcanzar.

Entonces, en la medida en que sea posible, los únicos hechos particulares que conocen las partes son que su sociedad está sujeta a las circunstancias de la justicia, con todo lo que esto implica. Se da por sentado, sin embargo, que conocen los hechos generales acerca de la sociedad humana. Entienden las cuestiones políticas y los principios de la teoría económica; conocen las bases de la organización social y las leyes de la psicología humana. En verdad, se supone que conocen todos los hechos generales que afectan la elección de los principios de justicia. No existen limitaciones a la información general, esto es, acerca de las teorías y leyes generales, ya que las concepciones de la justicia tienen que ajustarse a las características de los sistemas de cooperación social que han de regular, por lo cual no hay razón para eliminar estos hechos.

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John Rawls: Teoría de la justicia. El utilitarismo


El principio de utilidad dice que una sociedad está correctamente ordenada cuando sus instituciones maximizan el equilibrio neto de satisfacción. El principio de elección para una asociación de hombres es interpretado como una extensión del principio de elección de un solo hombre.

A Rawls no le parece posible que personas supuestamente iguales pudieran convenir en un principio que proporcionara menores perspectivas vitales para algunos con el objeto de conseguir una mayor cantidad de ventajas disfrutadas por otros. Dado que cada uno desea proteger sus intereses y su capacidad de promover su concepción del bien, nadie tendría una razón para consentir una pérdida duradera para sí mismo con objeto de producir un mayor equilibrio de satisfacción. Un hombre racional no aceptaría una estructura básica simplemente porque maximiza la suma algebraica de ventajas, sin tomar en cuenta sus efectos permanentes sobre sus propios derechos e intereses básicos. Entiende por tanto que “el principio de utilidad es incompatible con la concepción de cooperación social entre personas iguales para beneficio mutuo”.

En realidad Rawls se propone elaborar una teoría de la justicia que suponga una alternativa al pensamiento utilitarista. Según esta doctrina, “cuando las instituciones más importantes de la sociedad están dispuestas de tal modo que obtienen el mayor equilibrio neto de satisfacción distribuido entre todos los individuos pertenecientes a ella, entonces la sociedad está correctamente ordenada y es, por tanto, justa”. Es decir, en la visión utilitaria de la justicia no importa cómo se distribuya la suma de satisfacciones entre los individuos, lo importante es que esta suma de satisfacciones sea máxima. El problema que encuentra Rawls en el utilitarismo consiste en que el principio de elección para una asociación de hombres se interpreta como una extensión del principio de elección de un solo hombre. Es decir, si una persona actúa de manera correcta cuando trata de obtener el mayor beneficio posible sin afectar a otros, ¿por qué la sociedad no habría de actuar conforme al mismo principio aplicado al grupo?. Sin embargo en la justicia como imparcialidad, “los principios de elección social y por tanto los principios de justicia, son ellos mismos objeto de un acuerdo original. No hay razón para suponer que los principios que debieran regular una asociación de hombres sean simplemente una extensión del principio de elección por un solo hombre”. Si suponemos que el principio regulador correcto para cualquier cosa depende de la naturaleza de la cosa, y que la pluralidad de personas distintas con sistemas de fines separados es una característica esencial de las sociedades humanas, no deberíamos esperar que los principios de elección social fuesen utilitarios. No obstante, a Rawls le parece más razonable la modalidad de utilidad media. El principio de utilidad media exige que la sociedad maximice no el total sino la utilidad media (per capita).

Hay que hacer notar que el utilitarismo es una teoría teleológica. En estas teorías el bien es definido independientemente de lo justo, y lo justo es definido como aquello que maximiza el bien. Por el contrario, la justicia como imparcialidad es una teoría deontólogica y es por ello por lo que está construida sobre los cimientos de la ética kantiana.

Es interesante puntualizar, que el utilitarismo se interpreta como una teoría individualista. Los grandes utilitaristas del pasado (Hume, Mill, Bentham o Smith) eran economistas, defensores de la libertad en general que consideraban que el bien de la sociedad estaba constituido por las ventajas gozadas por los individuos.

Por último, es interesante señalar que esta noción de utilidad ha sido abandonada en buena medida por la teoría económica de las últimas décadas; se ha pensado que es demasiada vaga y que no desempeña ningún papel esencial para explicar la conducta económica. En la actualidad, la utilidad se entiende como una manera de representar las decisiones de los agentes económicos y no como una medida de satisfacción.

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John Rawls: Teoría de la justicia. La justicia como imparcialidad


Una vez definido lo que es la justicia, Rawls comienza a asentar las bases de lo que denomina “justicia como imparcialidad”. La idea principal de este concepto consiste en la elección de unos principios en la denominada “posición original” en condiciones de igualdad y realizada por los individuos que formarán parte de la cooperación social.

Cada uno de nosotros tenemos una determinada concepción de la justicia; entendemos la necesidad de disponer de un conjunto de principios que asignen derechos y deberes básicos y de determinar una correcta distribución de cargas y beneficios de la cooperación social. En el pensamiento de Rawls, esta concepción de la justicia va más allá de las teorías contractuales clásicas de Hobbes, Locke y Rousseau, y además está muy influenciada por la ética deontológica kantiana. La llamará justicia como imparcialidad y a diferencia de las teorías clásicas en la que los individuos están obligados a aceptar unos determinados principios del contrato social, - por ejemplo en Locke es irrenunciable el principio de la propiedad privada-, para Rawls son los individuos los que previamente al contrato social definen y acuerdan esos principios que asignarán los derechos y deberes básicos y determinarán la división de los beneficios sociales. Es decir la idea directriz es que los principios de la justicia para la estructura básica de la sociedad son el objeto del acuerdo original. Son los principios que las personas libres y racionales interesadas en promover sus propios intereses aceptarían en una posición inicial de igualdad como definitorios de los términos fundamentales de su asociación. Estos principios han de regular todos los acuerdos posteriores; especifican los tipos de cooperación social que se pueden llevar a cabo y las formas de gobierno que pueden establecerse. Se trataría pues de unos principios justificados al haber consenso sobre ellos en una situación inicial de igualdad.

En este tipo de justicia las obligaciones estipuladas son autoimpuestas. La sociedad se acerca a un esquema voluntario porque cumple con los principios que consentirían personas libres e iguales en condiciones que son imparciales

Por tanto, se podría decir que la justicia como imparcialidad, igual que otras ideas contractuales, consiste en dos partes: 1) una interpretación de la situación inicial y del problema de elección que se plantea en ella, y 2) un conjunto de principios en los cuales se dice, habrá acuerdo. La idea intuitiva de la justicia como imparcialidad es considerar los principios de justicia como el objeto de un acuerdo original en una situación inicial debidamente definida. Estos principios son aquellos que serían aceptados por personas racionales dedicadas a promover sus intereses y que estuvieran en esta posición de igualdad con objeto de establecer los términos básicos de su asociación.

En la justicia como imparcialidad, las personas aceptan por anticipado un principio de igual libertad y lo hacen sin un conocimiento de sus fines más particulares.[...] Un individuo que se dé cuenta de que disfruta viendo a otras personas en una posición de menor libertad entiende que no tiene derechos de ninguna especie a este goce. El placer que obtiene de las privaciones de los demás es malo en sí mismo: es una satisfacción que exige la violación de un principio con el que estaría de acuerdo en la posición original. Los principios del derecho, y por tanto de la justicia, ponen un límite al número de satisfacciones que tienen valor.[...] En la justicia como imparcialidad no se toman las predisposiciones y propensiones humanas como dadas, sean las que fueren, buscándose luego el mejor medio para satisfacerlas. Por el contrario, los deseos y aspiraciones se restringen desde el comienzo por los principios de la justicia que especifican los límites que los sistemas de fines de los hombres tienen que respetar. Esto podemos expresarlo diciendo que, en la justicia como imparcialidad, el concepto de lo justo es previo al del bien.

La justicia como imparcialidad consigue que haya un respeto mutuo entre los hombres y éstos no son tratados como medios sino únicamente como fines en sí mismos, ya que son tratados conforme a principios que ellos convienen en una posición original de igualdad

Las expectativas de los hombres en esa sociedad cooperativa deben ser definidas por el índice de bienes sociales primarios que tienen a su disposición. No obstante podría objetarse que las expectativas no se deberían definir así, sino más bien como las satisfacciones que se esperan para cuando se ejecuten los planes usando estos bienes. Después de todo, es en la realización de estos planes donde los hombres obtienen su felicidad, y por tanto la estimación de las expectativas no debería basarse en los medios disponibles. Veremos que la justicia como imparcialidad toma, sin embargo, un punto de vista diferente. No le concierne el uso que las personas hagan de los derechos y oportunidades de que disponen para medir y mucho menos maximizar las satisfacciones que alcanzan. Simplemente supone que los miembros de la sociedad son personas racionales capaces de ajustar sus concepciones del bien a su situación. Las cosas resultan de acuerdo con los principios que se elegirían en la posición original. Es por ello por lo que en la justicia como imparcialidad las expectativas se definen como el índice de bienes primarios.

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John Rawls: Teoría de la justicia. La justicia


Para Rawls la justicia va a tener un papel esencial; va a determinar la estructura básica de la sociedad, o más exactamente, el modo en el que las grandes instituciones sociales distribuyen los derechos y deberes fundamentales y determinan la división de las ventajas provenientes de la cooperación social. De este modo, la justicia se convierte en la primera virtud de las instituciones sociales, de igual modo que la verdad lo es de los sistemas de pensamiento. Ambas son las primeras virtudes de la actividad humana.

Esto permite que cada persona posea una inviolabilidad fundada en la justicia, o como dicen algunos, en un derecho natural que no puede ser anulado ni siquiera para el bienestar de cada uno de los demás. No es admisible obtener un mayor bienestar social a costa de violar alguno de estos derechos básicos; no se puede permitir que los sacrificios impuestos a unos sean compensados por la mayor cantidad de ventajas disfrutadas por muchos; no se puede permitir que la pérdida de libertad para algunos se vuelva justa por el hecho de que un mayor bien es compartido por otros. El razonamiento que pondera las pérdidas y ganancias de diferentes personas como si fuesen una sola queda excluido. En una sociedad justa, las libertades básicas se dan por sentadas, y los derechos, asegurados por la justicia, no están sujetos al regateo político ni al cálculo de intereses sociales. Como consecuencia de ello, las leyes e instituciones deberán ser reformadas o abolidas si no son justas por muy útiles o eficientes que nos puedan resultar. Una injusticia solamente puede llegar a ser tolerable cuando es necesaria para evitar una injusticia aún mayor.

La justicia tiene su efecto en la sociedad, y esta no es otra cosa que un conjunto de individuos en la que existe una cooperación que hace posible para todos una vida mejor de la que pudiera tener cada uno si viviera únicamente de sus propios esfuerzos. A ella es inherente un cierto conflicto de intereses puesto que las personas no son indiferentes respecto a cómo han de distribuirse los mayores beneficios producidos por su colaboración. Este conflicto de intereses se resuelve cuando la sociedad está bien ordenada. Para ello es imprescindible que esté regulada por una concepción pública de la justicia lo cual conlleva 1) que cada cual acepte y sepa que los demás aceptan los mismos principios de justicia, y 2) que las instituciones sociales básicas satisfagan estos principios y se sepa que lo hacen.

Cada persona tiene una concepción particular de la justicia. Esto es, entienden la necesidad de disponer de un conjunto característico de principios que asignen derechos y deberes básicos y de determinar la correcta distribución de cargas y beneficios de la cooperación social. Por tanto la justicia de un esquema social dependerá esencialmente de cómo se asignan los derechos y deberes fundamentales, y de las oportunidades económicas y las condiciones sociales en los diversos sectores de la sociedad.

En su obra, Rawls utiliza constantemente el término “Institución”. ¿Qué entiende por ello? Una institución es entendida por Rawls como un sistema público de reglas que definen cargos y posiciones con sus derechos y deberes, poderes e inmunidades, etc. Estas reglas especifican ciertas formas de acción como permisibles, otras como prohibidas, y establecen ciertas sanciones y garantías cuando se violan las reglas. En definitiva, una institución puede entenderse como un objeto abstracto, esto es, como una posible forma de conducta expresada mediante un sistema de reglas, o como la realización de las acciones especificadas por estas reglas, efectuada en el pensamiento y en la conducta de ciertas personas en cierto tiempo y lugar. Ritos y juegos, procesos judiciales y parlamentos, mercados y sistemas de propiedad son algunos ejemplos de instituciones. Pero lo más importante que resulta de esto, es que una institución al ser un sistema público de normas, cualquier persona que participa en ella sabe aquello que sabría si estas normas, y su participación en la actividad que definen, fueran el resultado de un acuerdo. Una persona que toma parte en una institución sabe lo que las normas exigen de ella y de los demás. Sabe también que los demás saben esto y que saben que él lo sabe, y así sucesivamente.

Para finalizar esté artículo, se hace necesario introducir la definición de ciertos conceptos o ideas que aparecerán más adelante al hablar de “los principios” o de “la posición original”.
Los bienes primarios son las cosas que se supone que un hombre racional quiere tener, además de todas las demás que pudiera querer. Los bienes sociales primarios, presentados en amplias categorías, son derechos, libertades, oportunidades y poderes, así como ingresos y riquezas.

El bien de una persona está determinada por lo que para ella es el plan de vida más racional a largo plazo, en circunstancias razonablemente favorables. Un hombre es feliz en la medida en que logra, más o menos, llevar a cabo ese plan. Para decirlo brevemente: el bien es la satisfacción del deseo racional. 

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John Rawls: Teoría de la justicia. Introducción

John Rawls ha sido uno de los grandes teóricos de filosofía política del siglo XX. Su obra más importante "Teoría de la justicia", está considerada dentro de ese ámbito como un hito del pensamiento moderno. La lectura de esta obra constituye, sin lugar a dudas, una de las experiencias intelectuales más apasionantes que uno puede abordar cuando quiere comprender qué es la justicia y qué papel debería jugar en una sociedad como la nuestra.

En este blog se irán subiendo diferentes artículos que tratarán de explicar lo más destacable de la obra, aunque lo realmente interesante sería no perder el tiempo en leerlos y dedicarlo a leer la obra en su integridad.

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domingo, 13 de julio de 2014

La vida de Asier

Esta es la historia de Asier, un vasco que Bilbao le vio nacer un 15 de febrero de 1975. Tuvo una adolescencia feliz, marcada por la referencia de su padre por quien desde muy pronto sintió una gran admiración. Aprendió de él a disfrutar de muchas de esas cosas que la vida es capaz de ofrecer; de la montaña con largas excursiones por la cordillera cantábrica; del ciclismo con carreras por las carreteras de Vizcaya; de las salidas en barco en los meses de verano o de aquellas sesiones de cine en las frías tardes de invierno.

Se acordaba de todo esto con cariño y con nostalgia mientras iba en tren de camino al trabajo. Con la cabeza apoyada en la ventana y la mirada perdida, se acordaba también con cierto desagrado de aquellos momentos difíciles que tuvo que vivir cuando era más joven. Fueron días de angustia y nerviosismo, de miedo y de dolor; circunstancias en las que desconocidos entraban y salían de su casa; momentos de llamadas telefónicas extrañas, tiempos de silencio. Cuando ETA cometía un asesinato, su alegre vida sufría una especie de parada en el tiempo.

Su padre, que era un ferviente nacionalista le había contado muchas de las historias de los vascos; sus orígenes, su lengua, mitos y leyendas como la de Arrigorriaga formaban parte de un bagaje cultural del que se sentía muy orgulloso. Quizás fuera esto lo que cumplidos los dieciocho años le llevara a estudiar en la Complutense de Madrid la especialidad de Geografía e Historia. Quería conocer historias de otros lugares, de otros pueblos, otras culturas y pensó que esos estudios eran los más adecuados para ello. Necesitaba además salir de Bilbao, quería conocer otros lugares y esa era sin duda una gran oportunidad.

En la universidad conoció a Raúl, un madrileño que al igual que a él le apasionaba la historia. Tenían muchas cosas en común pero había otras tantas que mostraban sus grandes diferencias. Raúl acababa de afiliarse al Partido Popular y no podía ocultar su alegría por estar trabajando desde el principio de una manera muy activa. Asier no era militante de ningún partido político pero en las últimas elecciones había votado al PNV. Discutían muchas veces sobre las ventajas o inconvenientes de los nacionalismos, del Estado, de un tipo de economía o de otra, pero siempre lo hacían con un gran aprecio y con un respeto absolutamente admirable.

Pasado el tiempo, un día de su último año de carrera Asier se levantó temprano para llegar con tiempo a la universidad. Mientras tomaba el desayuno veía en su televisor los informativos matinales que le facilitaban estar al día de la actualidad política. Cuando ya estaba a punto de terminar, le sorprendió una noticia de última hora que le cambiaría la vida por completo y para siempre. En la parte superior derecha de la imagen apareció en un pequeño recuadro una fotografía de su padre. En el centro, la presentadora relataba la muerte de una persona en un atentando de ETA a primera hora de la mañana. El autor, su padre, había sido detenido por la Ertzaintza y acabaría los últimos veinte años de su vida en una lejana prisión.

Mientras el tren reducía la velocidad para recoger viajeros en la próxima estación, recordaba con extraordinaria nitidez el impacto que la noticia le había provocado aquel día. Fueron aquellos, instantes en los que el tiempo se detuvo, momentos cargados de emociones y sentimientos extraños. El desconcierto, la confusión, la incertidumbre y la incredulidad habían marcado las primeras horas de aquella fatídica mañana. Su padre, la persona que más admiraba en el mundo, la persona que le había enseñado casi todo lo que había aprendido, había cometido el acto más reprobable que uno podía imaginarse. Comenzó así un largo periodo marcado por visitas a psicólogos y psiquiatras, meses de ingesta de pastillas, noches enteras de insomnio y de cientos de preguntas sin respuesta. 

En la facultad habían aparecido pintadas en las paredes de los baños que decían “Asier es un terrorista” y los profesores comenzaron a mirarle con cierto recelo. Las largas horas de estudio no servían para aprender las últimas lecciones que le quedaban para licenciarse y sus compañeros de facultad le había dado la espalda: todos menos Raúl. Este pensaba que él no era el culpable de lo que había pasado y por tanto no tenía ningún tipo de responsabilidad. Así que permaneció a su lado y le ayudó en todo aquello que pudo para hacerle la vida más llevadera. Finalmente, Asier abandonó la universidad a mitad del curso, regresó a Bilbao y comenzó a trabajar cerca de allí en un centro comercial.

Cuando ya habían pasado unos meses de su regreso a Vizcaya, recibió una llamada telefónica de Raúl y se inició entonces una conversación que jamás podría olvidar.
  • - Oye Asier, si nos juntamos unos cuantos tenemos pensado irnos el fin de semana a Salamanca a divertirnos un poco, ¿te apuntas?
  • - Te lo agradezco Raúl, pero el domingo por la mañana hay una manifestación que convoca la izquierda abertzale y me gustaría ir.
En ese momento se hizo un silencio absoluto, incómodo y más largo de lo normal. Poco después Rául le dijo:
  • - Oye Asier..., ummmm, ya se que nunca hemos hablado de esto pero....., no se muy bien como decírtelo.... yo la verdad es que.... ummmmm, la verdad es que no quiero que tu padre salga de la cárcel.
Se produjo de nuevo otro silencio, esta vez más largo y se percibía una pequeña tensión al otro lado del teléfono.
  • - Yo quiero que tu padre cumpla la condena que la justicia le ha impuesto. Creo que sería muy injusto si...
  • - ¡Raúl!, ¡Raúl!
  • - … los familiares de la víctima...
  • - ¡Raúl!, ¡escúchame por favor!
  • - Sí perdona -dijo Raúl más sosegado.
  • - Es una manifestación a favor del acercamiento de los presos de ETA, ¡sólo eso!. Oye, yo estoy al mismo lado que tú ¿sabes? así que ahórrate el discurso. Estoy con las víctimas. Yo tampoco quiero que mi padre salga de la cárcel. Quiero que cumpla la pena que le ha impuesto la justicia. Jamás le perdonaré lo que ha hecho pero no estoy dispuesto a recorrerme en coche con mi familia mil kilómetros cada vez que quiera ir a verle. No creo que sea necesario, ¿no te parece?.
Después de otra pequeña pausa Asier insistió:
  • - Lo entiendes, ¿verdad?
Raúl asimilaba lo que Asier le acababa de decir, y después de un rato le dijo:
  • - ¡Asier!... espérame el domingo en la estación de tren, iremos juntos.
Cuando Raúl colgó el teléfono permaneció durante un rato sentado en la cama fijando la mirada al suelo y preguntándose si había hecho bien. No estaba del todo seguro pero después de reflexionar se convenció de que no había nada de malo en solicitar el acercamiento de presos siempre y cuando se cumplieran las condenas.

Así que a primera hora del domingo Raúl cogió el tren hacia Bilbao. El día había amanecido soleado y a las 11 de la mañana Asier recogió a Raúl en la estación. Se dirigieron al punto de partida de la manifestación y cuando llegaron se colocaron en las primeras posiciones. Raúl no podía disimular su incomodidad, nunca le había gustado ese ambiente; siempre le había repugnado todo lo relativo a la izquierda abertzale y sin embargo, se encontraba compartiendo con ellos una causa que realmente a él no le interesaba, pero que significaba una excelente oportunidad para demostrar a su buen amigo que siempre podía contar con él para luchar por aquello que consideraba justo.
  • - No te preocupes Raúl, no pasará nada. Será absolutamente pacífica y cuando lleguemos al final del recorrido nos iremos inmediatamente -le dijo Asier en voz baja.
Saber que se irían pronto de allí tranquilizó a Raúl, y poco a poco fue sintiéndose más cómodo entre todas esas personas con las que no simpatizaba. Comenzó la manifestación y los de las primera fila comenzaron a gritar algunas palabras que Raúl no entendía.
  • -¿Qué dicen? -preguntó Raúl.
  • -“Acercamiento de presos ya” - le respondió Asier con una mirada de agradecimiento.
Al llegar la manifestación a su punto final Asier acompaño a Raúl a la estación de tren. No se podía quedar más tiempo porque al día siguiente tenía que entregar en la sede del partido una documentación sobre un proyecto medioambiental sobre el que estaba trabajando. Cuando llegó el tren que llevaría a Raúl de regreso a Madrid, Asier se despidió de él abrazándole efusivamente, dándole a entender lo mucho que le agradecía todo lo que había hecho por él.

El lunes llegó pero Raúl decidió quedarse un poco más de tiempo en la cama; estaba cansado del viaje de ayer y necesitaba dormir un poco más. Llegó a la sede sobre las 11 de la mañana y desde que entró por la puerta hasta que se sentó en su mesa había notado alguna mirada extraña en algún compañero; trataban como de evitarle. Se sentó en su mesa, se agachó para meter en el cajón inferior la documentación que había traído y fue entonces cuando notó un fuerte ruido encima de la mesa; alguien había dejado caer sobre ella un periódico. Con el ceño fruncido lo cogió, lo colocó del derechas y pudo ver en primera página una fotografía enorme situada debajo de un titular que decía “Manifestación a favor de ETA en Bilbao”. -¡Vaya manipulación! -se dijo así mismo Raúl. Centró la atención en la fotografía y se vio a sí mismo junto Asier en el medio de la imagen con una nitidez que hacía imposible negar que era él. Horas después supo que la casualidad había hecho que se hubieran colocado al lado de un conocido dirigente abertzale. Antes de terminar de leer la noticia escuchó al coordinador pronunciar su nombre. No le había sentido acercarse. Cuando Raúl levantó la cabeza el coordinador le dijo:
  • - No puedes continuar en este partido. Coge tu cosas y vete.
Con una mezcla de rabia e incredulidad, Raúl se levantó, cogió sus pertenencias y se dirigió a la puerta de salida. Nadie se acercó para despedirse de él pero cuando estaba caminando por el pasillo para salir del edificio vio llegar a Fernando, el compañero con el que estaba trabajando en el proyecto medioambiental y la persona con la que mejor se llevaba en el partido. Cuando estaban solamente a unos pasos de distancia Raúl hizo ademán de saludarle, pero Fernando le apartó la mirada y continuó como si no le hubiera visto. Solo unos segundos después, pudo oír a su espalda unas palabras que le llenaron de profundo dolor:
  • - ¡Adiós etarra!.
Cuando llegó a su casa, Raúl telefoneó a Asier para contarle lo que había sucedido.
  • - ¿Qué dices?, ¿en serio?, pero... ¿así sin más?, ¿sin ninguna explicación? -preguntó Asier con gran asombro.
  • - Sí, así sin más. ¿Te acuerdas de aquello que decíamos siempre cuando estudiábamos la asignatura de historia del siglo XX? -preguntó Raúl
  • - Sí claro. Aquello de que “las personas somos muy dadas a juzgar y muy poco dadas a intentar comprender” ¿verdad?
  • - Sí, y es algo que nunca cambiará de la condición humana. ¡Oye Asier!, avísame la próxima vez que vayas a una manifestación de esas ¿vale?
En ese momento el tren se detuvo. Asier miró a través de la ventana y vio que había llegado a su destino. Se bajó del tren y echó a caminar. Comenzaba así otro duro día de trabajo.

lunes, 26 de mayo de 2014

El efecto "Podemos"

La noche electoral del 25 de mayo ha puesto de manifiesto una realidad que ya es innegable; la muralla del bipartidismo PP-PSOE se ha resquebrajado en buena parte por el impacto de un proyectil llamado “Podemos” que ha trastocado todas las previsiones electorales y que ha reflejado de manera aplastante el hastío de una gran parte de los ciudadanos de este país.

Pero lo que quizás haya que preguntarse es por las causas de que un partido nuevo, con muy poco tiempo de vida, una formación probablemente con pocos recursos económicos y humanos y por tanto con poca capacidad de organización haya irrumpido en el panorama político de una manera tan contundente. ¿Por qué “Podemos” ha sido el gran triunfador y no UPyD o IU a pesar de que tenían unas muy buenas expectativas?

La respuesta quizás se pueda encontrar en un pequeño análisis de lo que representa esta formación.

  1. Es un partido completamente nuevo fundado por un dirigente desconocido y que nace en un momento en el que la desafección de los ciudadanos con la política es máxima. Esto significa que irrumpe en la política desde fuera, sin estar previamente en ella, y por tanto, esta libre de toda sospecha de formar parte de esa casta política que ha estado en connivencia con la corrupción y con la nefasta gestión de dinero público que se ha venido realizando durante tantos años.
  1. Es un partido de izquierdas. Los ciudadanos siguen teniendo en su mayoría la necesidad de saber en que posición ideológica se encuentra un determinado partido. Necesitan saber si un partido es de derechas, de izquierdas o de centro porque esta definición les facilita identificarse con ellos. “Podemos” es un partido al que cualquier ciudadano sabe situarlo en la izquierda sólo con escucharlo un par de minutos o leer alguna de sus propuestas. Este lugar que ocupa es ventajoso en una España que se encuentra en una situación insólita. La España de hoy es en su mayoría de izquierdas, a pesar de que el PP siga ganando las elecciones. Es de izquierdas por aquello que decía Marx, aquello del materialismo histórico, que viene a decir que “es tu situación económica la que determina tu pensamiento” o dicho de una manera mas formal, “no es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, su ser social es el que determina su conciencia”. En un país con unas cifras desorbitadas de paro, de recortes y desahucios, muchos ciudadanos se radicalizan hacia la izquierda y anhelan una formación que practique una política lo más diferente posible a la neoliberal, que es para muchos, la responsable de la situación actual.

  2. Es el partido que mejor ha conectado con los problemas cotidianos de la gente. Desgraciadamente nuestro país se está aproximando a una situación que no se veía desde hace muchas décadas. Aquella situación de principios de siglo XX en la que algunos dirigentes políticos prometían pan para todos. Las personas que han sido desahuciadas o que están a punto de serlo, las personas que han perdido el empleo y no tienen esperanzas de encontrar uno, las personas que están desprotegidas del sistema, las que viven por debajo del umbral de la pobreza necesitan encontrar un referente político que esté claramente de su lado. Pablo Iglesias ha realizado esto de una manera magistral. Se ha paseado por numerosas tertulias políticas defendiendo siempre al desahuciado, al escrache, denunciando las condiciones de los trabajadores, poniéndose al lado de quien se manifiesta por defender su trabajo. Ha sido implacable con la estafa de los bancos, con los políticos, con la corrupción, con la unión europea, con la dictadura de los mercados, con el euro y todo ello vende muy bien en una sociedad que sabe perfectamente quiénes son los responsables de la situación actual
     
  3. Su dirigente tiene un discurso político moderno y tranquilo. Pablo Iglesias no forma parte de esa clase de políticos que buscan el aplauso ante multitudes. No es una persona de discurso fácil y vacío. Es alguien que se defiende bastante bien en el arte de la oratoria y se presenta ante los ciudadanos tal y como es; con una vestimenta sencilla y con un discurso tranquilo, sosegado y razonado.

  4. Es un partido con un programa electoral claro, directo y sencillo. Quien se disponga a leer el programa electoral de esta formación, comprobará que va directo al grano. Expone los problemas y las propuestas de una manera sencilla, resumida, comprensible por cualquier ciudadano independientemente de su nivel cultural. Y como no podía ser de otra manera, es un programa de izquierdas, que defiende entre otras muchas cosas la jubilación a los 60 años o la jornada laboral de 35 horas, ideas que, realizables o no, al menos atraen a los trabajadores, que son muchos.
Estas podrían ser algunas de las características que podrían destacarse de esta formación. Pero como dice el refrán, “una cosa es predicar y otra dar trigo”. Veremos si “Podemos” es capaz de llevar a cabo alguna de esas interesantes iniciativas que plantea.